jueves, 5 de diciembre de 2013

El pecado de la porción gigante.


En los 90s el querido Dr. Menem en su valiente intento por importar culturas foráneas y destruir todo atisbo de identidad nacional introdujo la cocina gourmet, y como todo lo que se hizo en esa década perdida, se hizo mal. Abusándose del principio “calidad antes que calidad” los tipos agarraban una galletita rex, le ponían queso crema, salmón y ciboulette y decían que eso era una entrada. El pueblo, que nunca se equivoca, no comió vidrio y se indignó ante la estafa que eran esas porciones minúsculas, que encima eran carísimas. Quedó entonces la concepción “comida gourmet= porciones chicas y caras” y  “plato abundante= plato bueno”.

Y si, obviamente nadie quiere salir a comer y quedarse con hambre, pero tampoco está bueno salir a comer y quedar con el hígado al borde del transplante. Que es lo que sucedería en la mayoría de los restaurantes de Buenos Aires si uno intentara comerse una entrada, un plato principal y un postre. En un bodegón  o una confitería donde uno come una minuta gigante, un flan de postre y nada mas, las porciones grandes son esperables. Pero no en un restaurant que supuestamente nos ofrece una cocina mas elaborada. 

Si uno quiere salir a comer solo en Bs. As. no puede hacer una comida completa, elegís plato + entrada o postre, porque si comés las tres cosas quedás a reventar. Y si salís a comer en pareja tenés que dejar de comer lo que te gusta y negociar con el otro la entrada y postre, que se elaboran en porciones pensadas para compartir. Es inentendible que se festeje que las porciones son “para compartir”. Yo no quiero compartir nada! Si salgo a comer quiero comer lo que me gusta y no perderme el carpaccio de entrada porque mi amigo es vegetariano. Y si estoy solo quiero comer entrada, plato y postre sin salir del restaurant sintiéndome mal.

La cosa no es tan difícil. En vez de ponerme una entrada con cuatro bastones de muzzarella a $60, poneme una que traiga dos a $33 y listo. O mejor aún copien el modelo francés que permite elegir entre comer a la carta o un “menú tout compris”: el famoso menú ejecutivo. Lejos del nivel mediocre que suelen tener estos menús en microcentro, los mejores restaurantes del mundo sirven menús con 3, 5 o mas platos a un precio razonable al compararse con el costo individual de cada plato en la carta. Obviamente las porciones son mas chicas, pero se termina lleno, gastando lo mismo, comiendo mas variado y sin tener la necesidad de adaptarnos a los gustos de terceros.

Lo indignante de la cuestión es que hay muchos restaurantes palermitanos que tienen buenos menú ejecutivos los días de semana, pero a la noche o el finde no. Ahí bancátela y compartí la entrada con tu novia, y si a vos te encantan los langostinos y ella es alérgica, mala suerte. ¿Si me hacés un menú buenísimo de día, por que no lo hacés de noche? ¿Para ganar mas? Hacé la cuenta y cobrame lo que me tengas que cobrar para obtener la ganancia que necesitás y listo!

Lo que propongo no es una locura, la mejor comida del mundo es la mediterránea: en Francia lo normal es comer menú con aperitivo, entrada, plato y postre; en España los pinchos, tapas, medias raciones y raciones; en Italia el antipasto, primer plato de pasta, segundo plato de carne, postre y café.  ¿Si en los lugares donde mejor se come en el mundo se comen muchos platos chicos en lugar de uno grande, por que nos empeñamos en que nuestra cena se limite a una hamburguesa gigante como se estila en los fast food yanquis que de buena mesa saben poco y nada?

No hay comentarios:

Publicar un comentario